"La práctica médica no entraña solamente tejer, entretejer y tener activas las manos, sino que debe inspirarse en el alma, estar plena de conocimiento y tener como componente preciado la observación aguda y minuciosa; todo ello, junto con los conocimientos científicos exactos, son los requisitos para que la práctica médica sea eficiente."
Moisés ben Maimón (1135-1204)

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miércoles, 4 de junio de 2014

El trasplante de rostro, de la cirugía experimental a la práctica médica común

Richard Norris. De izquierda a derecha: Antes del accidente, poco antes de recibir el trasplante, 6 días tras el trasplante, 114 días tras el trasplante, y en junio de 2013. 
Los trasplantes de cara son una especialidad quirúrgica aún muy joven, pero que ha abierto muchas esperanzas en personas desfiguradas. Aunque hay trasplantes más vitales para mantener con vida a una persona, los de cara son los más visibles de todos por razones obvias, y pueden ser la solución definitiva para el drama físico y psicológico que arrastran quienes sufrieron la terrible experiencia de perder su cara o parte de ella. Recuperar la sensibilidad táctil en el rostro, volver a comer con normalidad, poder hablar de modo natural, y tener un aspecto facial que ni siquiera llame la atención, son logros que pueden dar un giro de 180 grados a la vida de alguien desfigurado que se somete con éxito a una operación de este tipo.

Después de casi una década desde que en 2005 se hizo en Francia a una mujer la primera de las operaciones de este tipo, los avances no han dejado de sucederse y ya ha transcurrido suficiente tiempo como para validar la eficacia de técnicas que al principio tenían bastante de experimentales. Un equipo de científicos, incluyendo al Dr. Eduardo Rodríguez, cirujano pionero en esta especialidad, autor de más de un centenar de artículos en revistas académicas y capítulos de libros técnicos, y actualmente en el Centro Médico Langone de la Escuela de Medicina en la Universidad de Nueva York, Estados Unidos, ha hecho una revisión de resultados de los primeros 28 receptores conocidos de trasplante de rostro, parcial o completo, en el mundo, y ha llegado a la conclusión de que la operación, en sí misma, es razonablemente segura, cada vez más viable, capaz de cambiarles la vida por completo a los receptores, y que su aplicación se puede ahora extender a muchas más personas necesitadas (con desfiguración grave de rostro). Su informe se ha publicado en la célebre revista académica de temas médicos The Lancet, editada por la conocida editorial científica Elsevier.

Llegar hasta el nivel actual no ha sido fácil. Rodríguez equipara la magnitud de este reto para los cirujanos del mundo con la de escalar el Everest para los alpinistas. En ambos casos, conseguirlo por vez primera fue una proeza.

Tal como advierte el Dr. Rodríguez, catedrático del Departamento de Cirugía Plástica en el Centro Médico Langone, y director de su Instituto de Cirugía Plástica de Reconstrucción, los trasplantes de rostro aún implican riesgos para el resto de la vida del paciente y complicaciones derivadas de infecciones y a veces de los efectos secundarios de los fármacos inmunosupresores empleados para prevenir el efecto de rechazo, pero también son muy efectivos para devolver a las personas a una vida plenamente funcional después de haber carecido de ella por culpa de los gravísimos daños faciales que además cercenaron la vida social del paciente.

En 2012, el propio Dr. Rodríguez operó, junto con su equipo, a un paciente, en una operación que figura entre los trasplantes más extensos y complejos realizados hasta ahora. La intervención quirúrgica la hizo en el Centro Médico de la Universidad de Maryland en Baltimore, donde trabajaba entonces. El paciente era un hombre que había perdido la mitad inferior de su cara en un accidente de arma de fuego años antes. La impresionante diferencia apreciable en las fotografías entre el aspecto de este hombre, Richard Lee Norris, antes de la operación y más de un año después, es más elocuente que cualquier palabra, y una demostración visual, fácil de entender con una simple mirada, de la importancia de que la gente done sus órganos y tejidos. El fallecido ya no puede hacer uso de ellos, pero algunos pueden cambiar la vida, o incluso otorgarla, a personas en situaciones terribles.

El trasplante que recibió Norris, de 37 años de edad, incluyó la parte media de la cara, ambas mandíbulas con sus dientes, así como una porción de la lengua. La operación de 36 horas de duración se realizó entre los días 19 y 20 de marzo de 2012, e implicó a un equipo multidisciplinar de especialistas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, incluyendo más de 150 enfermeras y otros miembros del personal sanitario.

El trasplante de cara formó parte de un auténtico maratón de 72 horas de actividad quirúrgica. La familia de un donante anónimo donó generosamente su cara y también salvó cinco vidas, a través de la loable donación de sus órganos. Cuatro de esos trasplantes se llevaron a cabo a lo largo de dos días en el Centro Médico de la Universidad de Maryland.

El equipo del trasplante de cara estuvo dirigido por el Dr. Rodríguez, y se emplearon en él métodos quirúrgicos innovadores y técnicas informáticas para trasplantar de forma precisa todos los elementos anatómicos citados.

Además, el trasplante incluyó todo el tejido blando facial desde el cuero cabelludo hasta el cuello, incluyendo los músculos subyacentes que permiten generar expresiones faciales, así como nervios motores y sensoriales para restaurar la sensibilidad táctil y la funcionalidad. El trasplante iba mucho más allá del componente estético.

Debido al accidente, Norris perdió sus labios y nariz, y tenía limitados los movimientos de su boca. Norris visitó por vez primera al Dr. Rodríguez en el Centro Médico de la Universidad de Maryland en 2005, a fin de ver qué opciones de reconstrucción facial tenía.

Imagen de la izquierda: En la columna izquierda, el estado externo del rostro de Norris, y el interno de la estructura ósea de su cabeza, antes de la operación. En la columna derecha, el estado externo del rostro de Norris, y el interno de la estructura ósea de su cabeza, habiendo superado con éxito el primer año tras la operación. Imagen de la derecha: El Dr. Eduardo Rodríguez.
Además de Francia y Estados Unidos, otro país pionero en trasplantes de cara es España, donde en 2010 se hizo el primer trasplante del mundo de rostro completo. La operación la llevó a cabo un equipo del Hospital Universitario Vall d'Hebron, en Barcelona, Cataluña.

De los 22 hombres y 6 mujeres cuyas cirugías de trasplante de rostro se han dado a conocer públicamente, ninguno ha sufrido de forma crónica el efecto de rechazo a sus nuevos órganos y tejidos. Todos excepto tres receptores siguen viviendo. Cuatro han regresado al trabajo o a los estudios.

Tal como matizan los autores de la nueva revisión de resultados de casos, aunque todos los receptores hasta la fecha han experimentado algunas complicaciones por infección, y síntomas de rechazo entre escasos y moderados, las pocas muertes entre los pacientes fueron debidas a infecciones y cáncer no directamente relacionados con sus trasplantes.

La mayoría de los pacientes han vuelto a tener vida social como cualquier individuo común, de la que se habían retirado como consecuencia de su desfiguración. La fuerte depresión que les acompañaba también ha desaparecido. Ninguno muestra signos, pese a lo que originalmente algunos temían, de "doble" personalidad, el efecto hipotético de asumir la identidad del donante del rostro. De hecho, miembros de las familias de los donantes manifiestan a menudo que los receptores no se parecen a los donantes después de la transformación quirúrgica.

A pesar de una recuperación psicológica acelerada en la mayoría de los casos, la recuperación física puede llevar años, tal como han comprobado los cirujanos. Si bien los receptores han experimentado sensaciones de frío y calor en la cara desde tan temprano como unos pocos meses después de la cirugía, recuperar la percepción de la sensación de dolor o la sensibilidad táctil sobre la piel precisa a menudo 8 meses o más, los mismo que suele tardar recobrar la habilidad de abrir y cerrar la boca y mover los labios.

Para algunos receptores del trasplante, hablar, oler, masticar y tragar son funciones que pueden recuperarse en unos meses, y que mejoran rápidamente en el plazo de un año. Reaprender cómo sonreír y cómo beber fluidos, sin embargo, puede necesitar hasta dos años.

Las revisiones quirúrgicas para alinear adecuadamente los dientes y las mandíbulas son habituales entre los receptores de trasplantes, además de los procedimientos cosméticos para suavizar los contornos faciales y retirar el exceso de piel. Ha habido pocas complicaciones en este capítulo, según el informe de revisión de casos.

Para colocar la primera década de trasplantes faciales en su contexto histórico, el Dr. Rodríguez la compara con los comienzos del trasplante de hígado en los años 60, cuando se hacían pocas operaciones y no eran muchos los pacientes que vivían más de un año.

En cualquier caso, tanto en los trasplantes de hígado como en los de cara o de cualquier otro órgano o tejido, la figura del donante es imprescindible. Sin donante, no hay trasplante. Por eso es tan vital que la gente se conciencie sobre la importancia de donar sus órganos. Su muerte puede salvar vidas y sacar de una existencia llena de sufrimiento a otras personas.

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Fuente: NCYT

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